• Tradición
  • Cuando a Xabier Garate se le pregunta qué es lo que él hace, suele responder “figuras de cortejo” o “imaginería pagana”. Si bien en algunas localidades estas figuras participan en procesiones y/o actos religiosos, su “liturgia” y sus salidas se encuadran en actos “civiles”. Se entiende fácilmente si miramos la tradición de “sacar los gigantes” en su contexto folklórico. Como ocurre con otras tradiciones de la cultura popular, como son la música y las danzas que, en ocasiones se relacionan e incluso surgen vinculadas a motivos religiosos, son genuinamente “laicas”.
  • De cualquier forma no será este un espacio para la controversia, solo la exposición de una manera, tan libre como cualquier otra, de entender los festejos.
  • No se pretende hacer aquí un estudio pormenorizado sobre la Historia de los Gigantes ni de los Gigantes en la Historia. Se trata solo de presentar someramente lo que datos e interpretaciones nos dicen sobre los gigantes a lo largo del tiempo, incluido el presente.
  • Desde muy antiguo, miles de años, el ser humano ha sentido la necesidad de plasmar plásticamente su consciencia de la realidad. Prueba de ello son las pinturas rupestres, donde se representan animales y humanos. Se encuentran entre estas obras de nuestros ancestros, además de pinturas, también esculturas, de las cuales, destacan las representaciones de figuras antropomorfas. Mayormente son piezas de pequeño tamaño, como las “Venus” halladas en Europa, pero no nos podemos olvidar de otras también prehistóricas como las de culturas precolombinas, de grandes dimensiones, o como las de la isla de Pascua. Por citar solo de paso, las colosales representaciones de Buda y lo acontecido con algunas de ellas en Afganistán recientemente. Pocos dudan de que en el Antiguo Egipto, Mesopotámia, Grecia, Roma y otras civilizaciones, además de la estatuaria en piedra, se emplearan para las celebraciones, otros tipos de imaginería como máscaras, marionetas o gigantones, realizados en materias menos perdurables. Si algo tiene en común todas ellas, aparte de ser estatuas o estatuillas, es su carga simbólica. Es decir, responden a una necesidad humana de dotarlas de algo más que su mera presencia física.
  • Los estudiosos de estas representaciones, arqueólogos, antropólogos, o librepensadores, entre otros, apuntan hacia unas motivaciones religiosas de estas representaciones. Una religiosidad primitiva con manifestaciones primitivas. Esto enlaza de alguna manera lo dicho en el primer párrafo. Puede que aquí radique parte del misterio de nuestras emociones al contemplar esas imágenes.
  • En la actualidad nos encontramos rodeados de ese mismo tipo de imágenes, no solo en culturas o etnias de pueblos mal llamados “primitivos”, si no en nuestro entorno. Desde las muñecas infantiles a los monumentos, pasando por las imágenes de Vírgenes y Santos o los Gigantes y Cabezudos. Figuras estas últimas de las que se viene a tratar en esta página.
  • Historiadores, cronistas y especialistas en bucear por archivos antiguos, nos descubren documentos donde se constata la existencia de Gigantes en nuestros pueblos. Datos que nos remontan en torno al siglo XIII, parecen ser los más lejanos. Ya sobre los siglos XVI y XVII van surgiendo detalles más concretos. Participando en procesiones, especialmente del Corpus, y en otro tipo de actos. Encarnado unas veces a la personificación de los males, la peste entre otros, o como los más distinguidos e ilustres personajes, incluso a los Reyes Católicos. Entre estos extremos, un variado abanico de gentes y motivos, han dado personalidad a los gigantes.
  • En fechas más recientes lógicamente los documentos son más abundantes y al día de hoy la información sobre estas figuras es mucha y en muchos soportes distintos, fotografía, video, prensa, contratos, etc…