• Zanpantzar
  • Zanpantzar, Zanpanzar, Saint Pançar, San Panzón, Sancho Panza…
  • Bajo esta denominación se encuentra un personaje que, en la comarca del Bidasoa (y un poco más allá) en fechas del carnaval ( iñauteri, ihauteri,…), representa sobre sí, los comportamientos de las personas. Normalmente no son virtudes admirables ni modelos de conducta ejemplares los que encarna Zanpantzar.
  • Rabelais con sus conocidos personajes Pantagruel y Gargantua nos da pistas para poder entender la personalidad de este personaje. Si se analiza el originario Olentzero, Olentzaro, Onenzero,… se encuentran rasgos comunes con Zanpantzar que podrían indicar hacia un origen común. En localidades próximas este personaje se deja ver, con otro nombre y currículo, pero con muchas similitudes. Es el caso de Miel Oxin en Lanz, que representando a un bandolero pasa por un ritual muy parecido.
  • Volviendo a Zanpantzar: Representado en un muñeco, da cuerpo a quien las bajas pasiones, especialmente la gula, convierten en un glotón, un tragón insaciable. Ha quedado dicho que este personaje es carnavalero, por tanto resulta fácil identificarlo con uno de los referentes de estas fechas y las siguientes del calendario, como son Don Carnal y Doña Cuaresma. Más fácil aún es ver que no se trata de la segunda. Desde aquí ha hacerlo símbolo de todos los males solo hay un paso. Una vez cargado con todos los defectos y culpas queda listo para el ritual. Los actos de este ritual, con mayor o menor pompa, son simples y lineales: Captura, exhibición pública, juicio y ejecución. En el País Vasco Francés, este rito se mantiene fijo pero la apariencia del personaje es similar a la de Olentzero. Con el mismo ritual transcurren los últimos días de Miel Oxin. Ocurre algo parecido con “el Judas”, “Marquitos”, y otros. Esta forma de erradicar los males de entre nosotros, no debe ser muy efectiva, ya que cada año vuelve a ocurrir lo mismo.
  • Con este punto de partida ya se puede hablar del Zanpantzar que está vinculado al municipio de Irun, Bidasoako Txaranga – Aduana Elkartea, el taller de Xabier Garate y a él mismo.
  • Es una tradición recuperada tras años de abandono por motivos en los que no nos pararemos, porque lo que importa es la vigencia de nuestro personaje. Resurgió por el tesón de personas voluntariosas que hoy siguen dándole vida y eso lo mantiene vivo.
  • De orígenes rurales, pero en un ámbito urbano, este nuevo Zanpantzar necesitaba ser diferente. En 1988 se crea un gigantón de 6 metros de altura sobre un esqueleto de madera, cuerpo de paja, cabeza y manos de fibra, coloridamente vestido, de más de una tonelada. Es plantado en la plaza el jueves de carnaval y juzgado y ejecutado el siguiente domingo. El fuego purificador es quien lo reduce a cenizas. La idea fue del gusto del pueblo y los ánimos de los participantes ya estaban puestos en el siguiente año.
  • Otro gigantón ocupo su lugar en 1989, pero su final se adelantó de la mano de algún gamberro, que no dejó terminar la ceremonia en su momento, al prenderle fuego la noche del sábado. A pesar de que esto indignó a sus creadores, fue un revulsivo para no rendirse.
  • El siguiente año no fue mejor la cosa. Esta vez el gigantón fue quemado la misma noche del jueves en que se plantó.
  • Cuando se aplacaron los ánimos, se debatió sobre si seguir con el empeño o abandonar la iniciativa. Gano la primera opción, como queda claro, pero se necesitaba una solución para evitar futuros desmanes. La sociedad que amparaba y daba vida, con el patrocinio del Ayuntamiento, a Zanpantzar empezaba a dar sus primeros pasos como comparsa de gigantes y cabezudos. No se quería renunciar a la espectacularidad del gran tamaño de la figura pero se debía poder guardar por las noches para protegerlo. Dicen que blanco y en botella: leche. Y así fue. En los siguientes carnavales se presentó un gigante de algo menor estatura y muchísimo menor peso, construido de modo y manera que se pudiera no solo recoger sino también pasearlo. Las posibilidades de lucimiento se multiplicaron y resultó bien.
  • En las sucesivas ediciones de los carnavales irundarras, Zanpantzar se nos muestra como gigante que, en su fase de exhibición pública antes comentada, baila por las calles de la ciudad fronteriza. No dejando de tener los atributos del glotón que lo originó ni de ser “El mayor parrandero del pueblo”, su evolución (natural) y empapado del sentido contemporáneo del Carnaval como fiesta de disfraces, ha llevado a nuestro personaje a representar “males” cotidianos de nuestros días. Así lo hemos sacado caracterizado de temas de la actualidad, desde la Guerra del Golfo, el desastre del Prestige, La llegada del Euro, el “efecto 2000”, la gripe aviar y otros tantos temas más en su pequeña historia que de momento cumple 20 años.
  • En estos años ha sabido sobreponerse a crisis y problemas sociales, por lo que hace pensar que seguirá presentándose y participando en muchos más carnavales. La voluntad y el entusiasmo de quienes están con él así lo demuestran.